Informes de estadísticas dan cuenta de un aumento en la ocurrencia de estos eventos. La Zona Central del país ha sido la más afectada por el fuego. En los últimos 36 años, quinientas mil hectáreas han sido consumidas. 

Ya llegó el verano y los incendios forestales ya están provocando grandes emergencias en diferentes zonas del país. El cambio climático ha elevado la temperatura del planeta en general y ha acrecentado los riesgos en  las zonas secas. Si bien, tuvimos un año un poco más lluvioso que el anterior, no fue suficiente para humedecer el suelo de algunas localidades.

Ante esta realidad es pertinente recordar cuales son las medidas de prevención que establece ONEMI, pero antes debemos entender qué es un incendio forestal. Pues bien, la entidad lo define como  un fuego que se propaga sin control, a través de vegetación rural o urbana y pone en riesgo a las personas, los bienes y el medio. Paralelo a ello, establece seis medidas y entre ellas destaca no hacer fogatas en zonas secas y mantener las zonas cercanas a tu domicilio limpias de vegetación y de desechos que aumenten la combustión. 

Según un informe publicado por la Biblioteca del Congreso Nacional, en Chile se han producido cerca de cinco mil incendios forestales entre 1984 y 2020 y se han concentrado principalmente en la zona centro del país. La temporada 2016 – 2017 fue la más extrema en los registros históricos, ya que más de 500 mil hectáreas resultaron quemadas.

Lamentablemente el 99.7% de estos eventos son provocados por el hombre. En la Araucanía el 50,9%  de incendios han sido intencionales y un 42,1% en el BioBío. En la Región Metropolitana un 40.7% han sido accidentales y en O’Higgins un 37,4% se ha producido de la misma forma. En el Maule en cambio, un 47.7% de incendios ha sido de origen desconocido. En cuanto a las regiones más afectadas, el primer lugar lo obtiene la región del BioBío y el último O’Higgins. El mismo informe señala que la vegetación natural ha sido la más afectada por los incendios forestales. 

Caritas Chile anima procesos comunitarios para  articular alianzas con las autoridades locales, con el fin de trabajar conjuntamente en la prevención del riesgo de incendios forestales y generar procesos organizativos que aminoren las consecuencias de un desastre.

¡Más Unidos, Menos Riesgo!